Apuestas deportivas internacionales: quien paga el permiso y quien paga la cuenta

Updated noviembre 2026
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Un documento con sello rojo sobre un escritorio de madera junto a un bolígrafo

noviembre 5, 2026 — datos vigentes a esa fecha y permisos contrastados con el Reglamento de la Ley Federal de Juegos y Sorteos y la Dirección General de Juegos y Sorteos de la Secretaría de Gobernación.

El artículo 2 del Reglamento de la LFJS prohíbe lo no previsto expresamente y el artículo 8 de la ley permite a la Secretaría de Gobernación clausurar establecimientos sin permiso.

Una casa de apuestas que no aparece en la lista oficial de permisos de la Secretaría de Gobernación no está operando dentro del marco mexicano. Así de simple, y así de incómodo para quien lleva años jugando ahí sin que le haya pasado nada. La Ley Federal de Juegos y Sorteos de 1947 prohíbe juegos de azar y apuestas en todo el país y solo deja pasar lo que autoriza expresamente; el artículo 2 del Reglamento de esa ley, reformado el 16 de noviembre de 2023, cierra la puerta que siempre queda entreabierta en estos textos: lo que no está previsto de manera expresa, está prohibido. No hay una ley mexicana de apuestas en línea, no hay licencia digital con nombre propio y no existe un registro nacional de autoexclusión. Un sitio que aparece en resultados de búsqueda no es, por eso, un sitio permitido. Lo que sí existe es un permiso temporal, intransferible, otorgado a un permisionario que ya opera un establecimiento físico, y un puñado de marcas que se cuelgan de ese permiso para ofrecer apuestas a distancia. Todo lo demás es zona sin protección: el saldo puede congelarse, la identidad no pasa por los controles de un permisionario y el momio que ves es el que la casa decidió, sin nadie mirando por encima del hombro.

Esa es la consecuencia que este texto sigue de principio a fin: qué gana y qué pierde el jugador en cada una de las dos orillas. Empiezo por la normativa porque sin ella el resto es una comparación de escaparates; sigo por los instrumentos de prevención que sí existen y los que no; después pongo sobre la mesa las nueve marcas que operan con permiso declarado y el panorama de sus momios donde hay datos; y cierro con lo que ocurre cuando un operador pasa de estar permitido a estar bloqueado. Sin cuentas de la abuela y sin promesas: nadie aquí sabe quién va a ganar un partido, y quien se lo diga está vendiendo algo.

Normativa mexicana para apuestas internacionales: quién vigila y hasta dónde llega

La autoridad es la Secretaría de Gobernación y, dentro de ella, la Dirección General de Juegos y Sorteos. Sobre el papel son dos, y en la práctica son las mismas manos repartiendo permisos, inspecciones y sanciones. El artículo 2 del Reglamento de la LFJS prohíbe lo no previsto expresamente y el artículo 8 de la ley permite a la Secretaría de Gobernación clausurar establecimientos sin permiso. Esa es la arquitectura completa: no hay una regla que diga “esto se puede”, hay una que dice “esto todavía no se ha autorizado”. Cualquier jugador que haya intentado leer la normativa buscando su caso concreto habrá chocado con el mismo muro.

El Reglamento reformado el 16 de noviembre de 2023 reparte el trabajo con detalle. El artículo 1 cubre la autorización, el control y la inspección de juegos con apuestas y sorteos, con excepción de los de la Lotería Nacional, y lo hace con competencia federal. El artículo 3 define el permiso como un acto administrativo temporal otorgado a un permisionario, y esa palabra —temporal— explica por qué el sector vive en una reforma perpetua. Los tipos de permiso relevantes son dos: los centros de apuestas remotas y las salas de sorteos de números o símbolos, según el artículo 28. Además, el titular de un permiso de hipódromo, galgódromo o frontón puede obtener permisos complementarios para apuestas a distancia; los permisos son intransferibles y no pueden cederse ni comercializarse, conforme al artículo 31. La consecuencia práctica de ese último artículo es más grande de lo que parece: un permiso mexicano solo ampara a su titular, no a la marca que lo renta, no a la plataforma que lo opera y desde luego no a un socio extranjero.

La palabra correcta es permiso, no licencia. En un sector donde cada eslogan dice “licencia” y cada banner dice “regulado”, la precisión importa porque describe dos cosas jurídicas distintas. El permisionario de apuestas remotas debe presentar cuentas trimestrales y anuales auditadas, mantener seguros, reportar operaciones sospechosas de lavado de dinero y constituir garantía, según el artículo 29. Y como ninguna norma menciona las apuestas en línea, lo que ocurre en la práctica es que los sitios digitales no obtienen permisos digitales autónomos: se cuelgan de un permisionario con permiso semiterrestre, y hay permisionarios que operan varias marcas a la vez.

La ley detrás de todo esto es la Ley Federal de Juegos y Sorteos, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 31 de diciembre de 1947. Prohíbe en todo el territorio los juegos de azar y las apuestas, y permite solo lo expresamente autorizado; la Secretaría de Gobernación otorga los permisos e inspecciona, artículo 7; puede cerrar los establecimientos sin permiso, artículo 8; ningún local autorizado puede instalarse junto a escuelas o centros de trabajo, artículo 9; y los estados y municipios colaboran en la vigilancia, artículo 10. Un texto de casi ochenta años previo al teléfono móvil, decidido a regular un país que apostaba en hipódromos.

Lo que la falta de un padrón abierto de permisos significa para el jugador

Aquel que quiera comprobar por sí mismo si una casa tiene permiso —y debería querer— se enfrenta a un problema anterior a cualquier duda jurídica: la lista oficial de la Dirección General de Juegos y Sorteos, el PDF de sitios autorizados, no pudo abrirse en el momento de redactar esta página. El Congreso pidió entre mayo y julio de 2026 un registro público abierto, y los conteos de sitios de apuestas se contradicen entre sí: un informe habla de 136 webs, otro de entre 30 y 35 operadores digitales en dominios .mx. Ante semejante dispersión, ni se imprime un número oficial ni se da por bueno un recuento. El efecto sobre el jugador es directo: cada cifra que veas sobre cuántas casas operan legalmente en México procede de alguien que no pudo abrir el padrón tampoco.

Por eso, en toda esta página los permisos se citan como “según la fuente que los compila, no confirmados oficialmente”. Un número de permiso publicado por un comparador es una pista, no un certificado. Sirve para saber qué preguntar y a quién; no sustituye la comprobación. Quien quiera verificarlo tiene una ruta honesta: revisar el pie de página de la marca, anotar el número y el nombre del titular, y preguntar a la propia Dirección General de Juegos y Sorteos si ese permiso sigue vigente. No es una respuesta tan rápida como la de un banner, pero es la única que no depende de la palabra de quien te vende el boleto.

Reforma, IEPS y el bloqueo que cambia de estado cada temporada

La reforma que sustituiría la ley de 1947 lleva su propio calendario. La Secretaría de Gobernación terminó el borrador y lo envió al Gabinete de Seguridad, según un reporte del 13 de octubre de 2026; no se ha presentado y no es ley. Existe además una iniciativa para derogar la ley y crear un Instituto Nacional de Juegos y Sorteos con edad mínima de 21 años y autoexclusión, que también es solo una propuesta. Ninguna de las dos cosas cambia hoy lo que puedes hacer ni lo que un operador puede hacerte.

En cambio, sí cambió algo en la parte fiscal, y cambió con fecha exacta. Desde el 1 de enero de 2026 el IEPS del 50 % alcanza también a los residentes en el extranjero que ofrecen juegos con apuestas en línea sin establecimiento en México; el mismo inciso de la Ley del IEPS los obliga, y por incumplimiento grave la Ley del IVA, en sus artículos 18-H BIS a 18-H QUINTUS, prevé el bloqueo temporal del servicio digital. La tasa estaba en 30 % antes. Conviene ser exacto con la base: el texto legal leído habla solo de “valor de la actividad”, la prensa dice “monto total apostado”, y este texto no afirma que sea 50 % de lo apostado ni 50 % del ingreso bruto. Quien necesite esa precisión para su contabilidad tiene que consultarla con un especialista, no con una guía.

En el terreno de los bloqueos, lo que hay es una cronología que se mueve, y por eso se cita siempre con su fecha. El 11 y 12 de noviembre de 2025 la UIF identificó 13 casinos y congeló cuentas; en diciembre de 2025 un tribunal colegiado permitió a las apps de bet365 y Betano únicamente publicar contenido informativo lícito ajeno a las apuestas conservando sus dominios; en marzo de 2026 un juez de distrito concedió a bet365 un amparo contra el bloqueo, pero el sitio seguía inactivo el 24 de marzo de 2026; en julio de 2026 la Dirección General de Juegos y Sorteos suspendió diez dominios de casino en línea, entre ellos betano.mx y bet365.mx; y el 23 de octubre de 2026 un tribunal federal habría suspendido la orden de la SEGOB contra esas dos marcas, según una única fuente. Cada frase lleva su fecha porque ninguna aguanta un “hoy”. Alrededor de 20 casinos físicos fueron cerrados en ese periodo.

Nada de eso convierte al jugador en delincuente ni le concede un perdón. Si alguien te dice que apostar en un sitio sin permiso tiene una multa concreta, o que está expresamente exento, te está contando una película: ni la sanción ni la exención están establecidas, y ningún texto serio puede afirmar ninguna de las dos. Lo que sí está establecido es lo que pierde el jugador, y ahí no hace falta interpretar nada.

Qué pierde el jugador cuando la casa no tiene permiso

El artículo 2 del Reglamento prohíbe lo no previsto expresamente y el artículo 8 de la ley deja a la Secretaría de Gobernación clausurar establecimientos sin permiso, así que un sitio sin permiso de la SEGOB no opera dentro del marco legal mexicano. De ahí se derivan pérdidas concretas, y todas aparecen el mismo día en que algo va mal, que es precisamente el día en que hacen falta.

Una casa con permiso en México ofrece establecimiento legal mexicano, permiso de la SEGOB, controles de identidad y contra el lavado de dinero y constancia de retenciones. Un sitio sin permiso no ofrece nada de eso. Traducido a situaciones: si el operador no paga, no hay a quién reclamar en México; si aparece una retención, no hay CFDI que la respalde; si el saldo queda atrapado tras un bloqueo, no hay una autoridad mexicana obligada a devolvértelo. Los saldos de clientes de un operador bloqueado pueden quedar congelados, y ese no es un escenario hipotético en este mercado.

El bloqueo no siempre llega por la vía del permiso. Desde el 1 de enero de 2026, un operador extranjero que no cumple sus obligaciones de IEPS puede ver su servicio digital bloqueado temporalmente por la vía de la Ley del IVA. Es decir, la misma casa puede caerse por dos caminos distintos: por operar sin permiso o por no pagar el impuesto que se le exige precisamente por operar. Al jugador le da lo mismo cuál de las dos puertas se cerró; el efecto es idéntico.

Hay una tentación que conviene desarmar: pensar que el tiempo que llevas jugando sin problemas equivale a una garantía. No lo es. Las casas extranjeras con licencia de Curazao no son permisionarias mexicanas, y describirlas como “reguladas” en México sería falso. La zona sin permiso se describe aquí tal como es: sin protección. Y hay un dato que sorprende a casi todos: en ninguno de los dos casos —con permiso o sin él— existe un registro nacional de autoexclusión.

Prevención y juego responsable: lo que hay, lo que no y lo que se parece

Aquí conviene empezar por lo que no existe, porque la ausencia ordena todo lo demás. No hay registro nacional de autoexclusión. No hay una ley de apuestas en línea que imponga un límite de depósito o de pérdida. No hay un número legal de edad para apostar: el artículo 5 del Reglamento prohíbe a los menores el acceso a las zonas de apuestas de los establecimientos y su participación en el cruce de apuestas, pero no fija una cifra; y las marcas son las que escriben 18+ en sus propias fichas y pies de página.

Una credencial de elector junto a un celular con una cuenta regresiva en la pantalla sobre una mesa de cocina
El 11 y 12 de noviembre de 2025 la UIF identificó 13 casinos y congeló cuentas.

Eso deja al jugador mexicano con una caja de herramientas que él mismo tiene que construir. Las herramientas voluntarias internas —pausas, límites de depósito, autoexclusión con la propia casa, cierre de cuenta— son lo que cada marca lista en su ficha de tienda de aplicaciones, no lo que una norma le exige. Dicho de otro modo: la protección que tienes depende de las ganas que tenga la casa de ofrecerla y de que tú te acuerdes de activarla. El único instrumento de prevención que existe igual en los dos mundos es el que el jugador se impone a sí mismo.

Cómo se comprueba la identidad en un sitio permitido y qué reporta al SAT

Un permisionario verifica a sus usuarios y reporta las operaciones relevantes a la UIF y al SAT, porque los juegos con apuestas son una actividad vulnerable bajo la ley contra el lavado de dinero. Los documentos exactos que debe pedir no están fijados en un texto legal concreto; lo que sí está fijado es la consecuencia de que exista ese control, y la consecuencia es un rastro. Hay operador identificado, hay expediente y hay una entidad obligada a responder por él.

Ese rastro es lo que un sitio sin permiso no construye. Y no es una cuestión moral, es una cuestión de reclamación: cuando aparece un problema con un premio, con una retención o con un saldo, la diferencia entre tener un expediente y no tenerlo es la diferencia entre una gestión y un callejón.

Los premios y el CFDI de retenciones: quién retiene y cuándo

Los premios de loterías, sorteos, rifas, juegos con apuestas y concursos legalmente autorizados son ingresos conforme a los artículos 137 y 138 de la Ley del ISR. El pagador retiene 1 % cuando el estado no grava el premio o su impuesto no supera el 6 %, y 21 % cuando un impuesto estatal supera ese 6 %. La retención es pago definitivo solo si la persona presenta la declaración exigida cuando está obligada; en caso contrario el ingreso se acumula y la retención se acredita. La Ciudad de México cobra un impuesto estatal del 6 % sobre los premios, lo que en la práctica deja alrededor de 7 % en total según los reportes secundarios. Y los premios que superan los 600.000 pesos en un año deben informarse en la declaración anual.

Conviene detenerse en esa palabra: autorizados. El artículo 137 cubre premios de actividades “autorizadas legalmente”, y el tratamiento de un premio ganado en un sitio sin permiso no está establecido. Cualquiera que te dé una respuesta tajante sobre eso está improvisando; la posición honesta es consultar a un contador o asesor fiscal antes de dar por sentado nada.

Los impuestos estatales, además, no son un bloque único: varían por entidad. La Ciudad de México grava las apuestas, Nuevo León grava los montos apostados, y las reglas cambian según dónde esté la sede del permisionario. El impuesto no depende de dónde estés tú con el celular.

Límites y autoexclusión: la única palanca que está en tus manos

Un límite de depósito es una instrucción que le das a la casa: no aceptes de mi tarjeta más de esta cantidad en este periodo. Un límite de pérdida es más ambicioso, porque la casa tiene que sumar tus pérdidas por ti. Ambos son herramientas que las marcas listan por iniciativa propia, no obligaciones legales, y ninguno viaja contigo de una casa a otra. Basta abrir un registro en el sitio de la competencia para empezar de cero, y por eso la palabra “límite” describe bien lo que hace y mal lo que protege.

La autoexclusión voluntaria funciona igual de dentro hacia fuera. En un operador con permiso existe una exclusión interna: le dices a esa casa que te cierre la cuenta, y esa casa la cierra. No hay un registro central al que se apunten todas las demás, así que la misma persona puede registrarse veinte minutos después en otra marca sin que nada la detenga. Es la diferencia entre cerrar una puerta y cerrar el pasillo.

Lo que un jugador hace en la práctica es más útil que lo que dice cualquier página: fijar el límite antes del primer depósito, escribirlo, y tratarlo como parte del presupuesto de entretenimiento y no como algo que se ajusta cuando va mal la racha. Si el límite se cambia cada vez que se sube, nunca fue un límite. Y si el problema ya no es una racha, la palanca adecuada no está en la web de la casa: está en un profesional.

Dónde se pide ayuda cuando apostar deja de ser un juego

Ninguna marca, con permiso o sin él, resuelve un problema de juego; a lo sumo lo deja de alimentar. Un permisionario mexicano está obligado a ofrecer avisos de juego responsable y suele enlazar una sección específica, como hacen las fichas de tienda de aplicaciones y los pies de página de las marcas de esta página, pero un aviso no es tratamiento.

La ruta práctica es la misma en cualquier caso: reconocer el patrón, cerrar el acceso —autoexclusión con las casas donde se juega, una por una, y bloqueo de pagos si hace falta— y buscar apoyo profesional en servicios públicos de salud o en grupos de ayuda mutua. Lo que no conviene hacer es confiar la parte difícil a un operador que gana dinero con que sigas jugando. Es la misma asimetría de intereses que recorre toda esta página.

Las nueve casas con permiso declarado: criterios y clasificación

Antes de la tabla hay que decir qué se está comparando y qué no. Estas nueve marcas operan en México con un permiso de la Secretaría de Gobernación que sus propias fuentes les atribuyen, casi siempre en el pie de página o en una compilación de comparadores, casi nunca confirmado por la autoridad. No es un ranking y no es una recomendación: las nueve no son todo el mercado, y que una marca no aparezca aquí no significa que carezca de permiso. Es una lista de trabajo, ordenada según los datos disponibles, y la columna de permiso se lee con esa etiqueta pegada a cada celda.

Los criterios que pesan en la comparación son cuatro: quién es el titular del permiso y si la marca declara su vínculo con él; qué se puede comprobar hoy sin abrir un padrón oficial; qué ofrece la marca según su propia descripción, especialmente en juego responsable y protección de la cuenta; y qué se sabe de sus momios, que es el terreno donde la información escasea más. El resultado está en la tabla, y debajo está el análisis de quién sale mejor parado y por qué.

Marca Permiso SEGOB tal como lo declara su fuente Qué declara la marca sobre juego responsable, edad y cuenta
Caliente DGG/SP/404/97, mostrado en el pie de página del propio sitio, no confirmado oficialmente; titular: Tecnología de Entretenimiento Caliplay Prohíbe las apuestas a menores de edad, pide “divertirse con responsabilidad” y enlaza una sección de juego responsable
Codere DGJS/1018/2015 y DGJS/234/2019, según una compilación de datos, no confirmado oficialmente; titular: Libros Foráneos Su ficha de tienda de aplicaciones dice que opera con permiso de la SEGOB, limita el uso a mayores de 18 años e incluye avisos de juego responsable y políticas de cierre de cuenta
Betcris El pie de página de la marca y la tabla del titular muestran números distintos, por lo que no se imprime ninguno; titular: Producciones Móviles Indica que los juegos con apuestas están estrictamente prohibidos para menores de edad, enlaza una sección de juego responsable y aclara que el servicio no se promociona a menores de 18 años
Novibet DGJS/DCRCA/1121/2020, según casasdeapuestaslegales.mx, no confirmado oficialmente; titular: Comercial de Juegos de la Frontera —
1xBet DGJS/0002/2020, según una compilación de datos, que tampoco pudo confirmar el dominio ni la lista oficial; titular: Entretenimientos Naturales —
Playdoit DGAJS/SCEVF/P-02/2005, según casasdeapuestaslegales.mx, no confirmado oficialmente; titular: Eventos Festivos de México —
Strendus DGJS/075/2018, DGJS/2801/2021 y DGJS/DCRCA/2321/2021, según casasdeapuestaslegales.mx, no confirmado oficialmente; el titular difiere entre compilaciones: Atracciones y Emociones Vallarta o New Ads —
Pickwin Los números se contradicen entre fuentes y no se imprime ninguno; titular: Producciones Móviles con Unocapali La Paz Operadora —
Betway 4184, según casasdeapuestaslegales.mx, no confirmado oficialmente; titular: Espectáculos Deportivos Frontón México —

Bastan dos miradas para ver el problema de la primera columna. En un mercado donde la mitad de los números vienen de comparadores y la otra mitad del pie de página de la propia casa, el titular del permiso se repite: Producciones Móviles aparece detrás de Betcris y detrás de Pickwin, y el número DGAJS/SCEVF/P-06/2005-TER que una compilación atribuye a Pickwin es el mismo que el pie de página de Betcris muestra a nombre de Producciones Móviles. Eso encaja con la figura del permisionario que opera varias marcas, una práctica que la ley contempla de forma indirecta y que descoloca a cualquiera que intente deducir “una marca, un permiso”.

La segunda columna es más escueta y también más elocuente. De las tres marcas cuyos pies de página o fichas se pudieron leer, las tres hablan de juego responsable y de la prohibición para menores; ninguna de las otras seis deja ese rastro en los datos disponibles. No significa que las seis no ofrezcan nada en ese terreno: significa que lo que se puede citar es lo que la marca publica, y ahí las tres que lo publican llevan ventaja. Un aviso de juego responsable en el pie de página no salva a nadie por sí solo, pero indica que alguien en esa empresa pensó en el tema lo suficiente como para escribirlo.

Un detalle de la columna de permisos merece un párrafo propio, porque es donde el lector puede tropezar: los números de permiso no son licencias y no autorizan marcas. El artículo 31 del Reglamento los declara intransferibles, de modo que un permiso mexicano solo ampara a su titular. Cuando una plataforma dice que opera “bajo permiso de la SEGOB”, la frase es correcta y también incompleta: falta el titular.

Todo esto se parece bastante a un sector regulado en la letra y desordenado en la práctica. La mejor prueba es la lista oficial de sitios autorizados: el padrón que resolvería de un golpe las dudas de esta tabla existe sobre el papel, el Congreso pidió abrirlo entre mayo y julio de 2026, y sigue sin poder abrirse.

Fundamentos y panorama de las apuestas deportivas internacionales

Las apuestas deportivas internacionales, vistas desde México, son el conjunto de mercados de eventos de fuera del país a los que se puede acceder desde una casa que opera aquí. El mecanismo es el de siempre: un momio para cada resultado, un boleto con la selección y un resultado que se resuelve al final del partido. Cambia el escaparate, cambia el idioma de la liga, cambia la operadora, y no cambia nada de la aritmética.

Un balón de fútbol sobre un boleto de apuesta blanco en una mesa de madera a la luz del día
Los permisos son intransferibles y no pueden cederse ni comercializarse (artículo 31 del Reglamento), de modo que un permiso mexicano solo ampara a su titular.

Las apuestas internacionales son las que se hacen a ligas y eventos de otros países: el fútbol europeo, los torneos de selecciones, las ligas sudamericanas, el básquetbol profesional, el tenis. En el lenguaje de la afición mexicana son sencillamente “el partido de las nueve”. Lo que distingue a esta franja no es el deporte, sino tres cosas que conviene tener presentes: el horario, que obliga a apostar de madrugada; la forma de pagar, que pasa por un intermediario o por una tarjeta que cobra en otra moneda; y la resolución del resultado, que depende de un criterio de la casa sobre datos que vienen de fuera y que el jugador casi nunca puede auditar.

Ese tercer punto es el que se subestima siempre. En la liga local, uno ve el partido, ve el marcador y sabe si ganó el boleto. En una liga que se juega al otro lado del mundo, el jugador depende por completo de lo que la casa diga que ocurrió, y las reglas sobre partidos suspendidos, aplazados, abandonados o jugados después de una fecha distinta son las que deciden el caso. Son reglas que están escritas en el reglamento de la casa, no en una ley, y leerlas antes de clavar el boleto es lo único que está bajo control del apostador.

La mecánica del momio tampoco depende de fronteras, y conviene decirla una vez bien. El momio es el precio: lo que te pagan por peso apostado. La diferencia entre la probabilidad que ese precio implica y la probabilidad real de que ocurra el resultado es donde vive el margen de la casa, y ese margen está en cualquier mercado, del más grande al más exótico. En el panorama mexicano, el juego en vivo no tiene una regla propia en los artículos del Reglamento leídos; los deportes virtuales y los esports tampoco, y una casa de intercambio de apuestas no aparece prevista en ninguna parte. Tampoco hay un catálogo cerrado: las restricciones de eventos por ligas juveniles o inferiores no están establecidas en la normativa revisada. Lo que no existe, no se prohíbe por nombre: cae en el artículo 2, el de lo que no está expresamente previsto.

Cuánto cuesta cada peso apostado y cómo se ve en la práctica

El margen de una casa de apuestas se ve mejor en un mercado de dos resultados, y el ejemplo más limpio es un momio de 1,90 contra 1,90. La operación es la misma que en cualquier mercado: se suman los inversos de los momios y el resultado es la parte que la casa devuelve de cada peso apostado. Con 1,90 y 1,90, el inverso de cada uno es aproximadamente 0,526, la suma es 1,053 aproximadamente, la parte que devuelve la casa es 1 ÷ 1,053, o sea cerca del 95 %, y el margen es el 5 % restante. Es un ejemplo didáctico, construido con un precio redondo, no un precio cotizado por ninguna casa ni una promesa de lo que paga un mercado concreto.

Sobre esa base se puede hacer la cuenta que de verdad importa cuando se juega todas las semanas. Un jugador que apuesta 500 pesos cada semana en un mercado a 1,90 y 1,90, con las dos patas al mismo precio, paga de media ese 5 % de su volumen, que son unos 25 pesos por semana. El cálculo depende de la condición de que apueste solo esos 500 pesos y no recargue la cuenta para compensar una racha mala. En un mes el costo medio ronda los 100 pesos; en un año, siempre dentro de la misma estimación, se acerca a 1.300 pesos. Es una estimación estadística, un promedio sobre muchas jugadas repetidas y no un resultado garantizado para ninguna apuesta concreta: la semana suelta puede pagar, y de hecho a muchos les pagará. Lo que no cambia es la dirección del promedio.

Ese 5 % se compara siempre con el margen de un mercado de tres resultados —local, empate, visitante—, que suele ser más ancho porque la casa debe cubrir un tercer desenlace. El jugador que se concentra en la apuesta sencilla en vez del parlay no compra una ventaja sobre el mercado; reduce el número de veces que paga el margen. Y en una liga internacional el costo sube por un camino invisible: si el cobro de la tarjeta se hace en otra moneda, el tipo de cambio y la comisión bancaria se suman al 5 % del margen y no aparecen en ningún reglamento de la casa.

La cuenta que deja de importar cuando se paga dos veces el margen

El error más caro del apostador internacional no es elegir mal un partido: es hacerlo dos veces. Una apuesta combinada sencilla de dos selecciones que fueran independientes y estuvieran a 1,90 cada una pagaría un momio cercano a 3,61, y cada pata arrastra su propio margen. El precio del parlay es atractivo a la vista porque multiplica, y multiplica precisamente lo que ya viene descontado. Si en cambio repartes ese presupuesto en dos sencillas, cada selección paga el margen una vez y ninguna lo paga dos.

La estructura tampoco es una ventaja. Una combinada no mejora la probabilidad de acertar: la reduce, porque exige que ocurran todas las patas. Lo que hace es cambiar la forma de la ganancia, que se concentra en pocos aciertos grandes en lugar de repartirse en aciertos pequeños. Para un apostador que cobra en pesos, una combinada de ligas lejanas añade además un problema práctico: los partidos pueden suspenderse en cualquier pata y las reglas de resolución se aplican a cada una por separado.

Hay algo que se puede afirmar con más confianza que cualquier pronóstico: dos jugadores que apuestan el mismo monto total en el mismo mercado no terminan igual si uno paga el margen una vez y el otro lo paga en cada pata de una combinada. La diferencia no depende del resultado, sino de la estructura del boleto. Y quien te firme un pronóstico no puede saber eso mejor que tú: nadie conoce el resultado de un partido antes de que se juegue.

En apuestas internacionales hay todavía un cuarto componente que se suma a la aritmética y que no aparece en la tabla de momios: la liquidez. Los horarios de las ligas lejanas coinciden con la madrugada mexicana, y el volumen de dinero que un mercado nocturno de liga extranjera mueve en una casa local es menor que el de un partido de la liga local. Menos volumen significa precios que se mueven más rápido y con menos aviso, lo que castiga a quien apuesta tarde y al que persigue el mejor momio. No es un desastre, pero es un costo que solo se nota en la práctica.

Las marcas sobre la mesa y lo que cada una sostiene

Las nueve marcas que siguen declaran operar en México con un permiso de la Secretaría de Gobernación. Los números y los titulares están en la tabla de arriba y no se repiten aquí uno por uno, porque repetir nueve veces la misma frase no informa a nadie. Lo que se revisa en cada caso es qué distingue a la marca dentro de la comparación, qué declara sobre su propio juego responsable y qué le queda por demostrar.

Caliente: el permiso más antiguo del grupo y una promesa de responsabilidad en el pie

La historia de Caliente empieza con un número que se lee de un vistazo: DGG/SP/404/97, el permiso que la marca muestra en el pie de página de su propio sitio y que corresponde a Tecnología de Entretenimiento Caliplay. Un identificador de 1997 en un sector que se escribe en la web de 2026 dice algo sobre la casa: lleva en esto desde antes de que existiera el boleto digital, con la ventaja de la continuidad y el riesgo de la estructura vieja.

Su pie de página es explícito en dos cosas: la prohibición de las apuestas para menores de edad y la invitación a “divertirse con responsabilidad”, acompañada de un enlace a una sección de juego responsable. Es la declaración de responsabilidad más clara y más breve del grupo: dos frases sin diminutivos, situadas donde todo el mundo las ve antes de registrarse. En un país sin registro nacional de autoexclusión y sin límite legal de depósito, esa clase de aviso es todo lo que hay por defecto.

Sobre los momios del mercado mexicano en esta casa no hay datos citables, y por eso no se imprimen precios suyos. El jugador que quiera comparar tiene una vía que no depende de nadie: abrir el mismo partido internacional en dos casas a la vez y mirar los dos momios uno al lado del otro, en el mismo minuto. Lo que la posición de Caliente le da es antigüedad de permiso frente a marcas cuyo número procede de una compilación y no del propio operador. Ese historial es el argumento del que la marca vive, y también lo que se le puede exigir: una casa con casi tres décadas de presencia tiene menos excusas para no publicar con claridad cuántas marcas penden de su permiso.

Codere: una ficha de app que dice en voz alta lo que las demás callan

De las nueve, Codere es la única cuya ficha de tienda de aplicaciones enumera un paquete completo de compromisos. La ficha dice que opera con permiso de la SEGOB, limita el uso a mayores de 18 años y añade avisos de juego responsable y políticas de cierre de cuenta. Las tres cosas juntas —permiso, edad y salida— es la combinación más útil de las nueve, porque la tercera es la que casi nadie menciona: la posibilidad de cerrar la cuenta está escrita y accesible, no enterrada en un blog.

Su permiso se le atribuye con dos números, DGJS/1018/2015 y DGJS/234/2019, según una compilación de datos, y el titular es Libros Foráneos. Dos permisos para una marca no significan dos negocios distintos: pueden ser la suma de autorizaciones de años diferentes, y el artículo 29 del Reglamento, con sus cuentas trimestrales y anuales auditadas, es precisamente el tipo de obligación que se acumula cuando un permisionario crece.

Codere es una casa de calle antes que de pantalla, con presencia física que la sostiene y una marca reconocible. Para un jugador que valora el mostrador de una sucursal —donde uno se queja delante de alguien— esa estructura antigua sigue siendo un argumento. Lo que no ofrecen los datos revisados es su momio de referencia, y sin ese número la comparación de precios queda en manos del jugador.

Betcris: el titular impecable y el número que no se puede imprimir

Betcris es el caso más incómodo de la lista, y no por falta de información, sino por exceso de contradicción. El permiso aparece asociado a Producciones Móviles, y el oficio DGJS/405/2018 lo vincula también a Paradise Riviera Gaming. El pie de página de la marca y la tabla del titular muestran números distintos, y en esa disputa la página se queda sin imprimir ninguno.

La situación se complica porque el operador del sitio no es el titular del permiso: la empresa es TV Global Enterprises Ltd., con una licencia de la Autoridad de Juegos de Malta MGA/B2C/300/2008 vigente del 1 de agosto de 2018 al 3 de noviembre de 2026. Dos marcos, dos autoridades, un solo boleto. Que la licencia maltesa esté vigente y documentada no convierte a la marca en permisionaria diferente: el permiso mexicano sigue siendo el permiso de Producciones Móviles, y el operador del sitio es otro. Es exactamente el punto del artículo 31 del Reglamento sobre la intransferibilidad, visto desde el lado del jugador.

Su pie de página cumple su parte con precisión: prohibición estricta para menores, sección de juego responsable y una aclaración sobre no promocionar el servicio a menores de 18 años. Es la declaración de responsabilidad más explícita del grupo en lo que respecta a publicidad dirigida.

¿Cuál es el problema real de elegir Betcris? Ninguno de los que se pueden comprobar hoy, y ese es el punto: la marca opera, paga y tiene detrás un titular con nombre. El problema es de trazabilidad. Para un jugador mexicano que alguna vez tenga que explicar ante una autoridad de dónde salió su premio, cada eslabón de la cadena —producciones, operador, licencia extranjera— es una capa más de complejidad que un permiso limpio a nombre de una sola empresa no tendría.

Novibet: permiso con titular acreditado y un expediente fiscal externo

Novibet entra a la lista por el permiso DGJS/DCRCA/1121/2020, atribuido según casasdeapuestaslegales.mx y a nombre de Comercial de Juegos de la Frontera. El número es de 2020, mucho más joven que el de Caliente, y eso se traduce en algo útil para el jugador: una autorización reciente suele venir con menos lastre histórico de marcas arrastradas.

En términos de comparación, Novibet llama la atención por lo que no está en sus datos de juego. No deja en el expediente un aviso de juego responsable comparable al de Caliente, Codere o Betcris, ni una política de cierre de cuenta descrita, y sobre sus momios no hay cifras que se puedan citar. Un permiso joven con poca declaración pública deja al jugador exactamente donde empezó: con la necesidad de leer los términos por su cuenta.

Ahí está la utilidad de la marca en esta lista. Sirve para comprobar algo que se repite en la mitad de la tabla: tener permiso no implica publicar cómo se protege al usuario. Novibet es la primera de varias marcas del grupo en las que el permiso está y la transparencia sobre protección y precios es cosa del jugador, revisada término por término en la propia web.

1xBet: permiso atribuido y una empresa distinta detrás de la app

El permiso de 1xBet es DGJS/0002/2020, según una compilación de datos, y el titular que se le atribuye es Entretenimientos Naturales. La compilación que lo publica advierte que no pudo confirmar el dominio 1xbet.mx ni la lista oficial, y hay un detalle que obliga a leer dos veces: la App Store lista la app bajo 1XCorp N.V., una empresa distinta del titular del permiso. El permiso y la aplicación pertenecen a dos personas jurídicas diferentes.

Ese cruce es el mismo problema de Betcris con una capa más. Un jugador que descarga la app y juega desde ella no está tratando con Entretenimientos Naturales; está tratando con la empresa que la tienda identifica. Si aparece un problema con la cuenta, la cadena de reclamación pasa por más de una entidad, y una de ellas puede estar fuera de México. No hay nada ilegal ni sorprendente en la operación, y sí hay una pregunta que el jugador debe hacerse antes de depositar: ¿a quién le estoy pagando?

Sobre su juego responsable no hay declaración en los datos revisados, y sobre sus momios tampoco hay cifras citables. Lo que queda es un permiso declarado en un número compacto, un titular identificable y una app a nombre de otra empresa. Quien se registre ahí debería saber que los treinta segundos que tarda en leer el nombre del titular del permiso valen más que cualquier comparativa.

Playdoit: una tabla de momios sin respaldo en juego responsable

Playdoit aparece con el permiso DGAJS/SCEVF/P-02/2005, según casasdeapuestaslegales.mx, y el titular Eventos Festivos de México. El identificador de 2005 tiene la estructura larga que caracteriza los permisos de la mitad de la década, y el número cuadra con un permisionario que lleva veinte años operando.

Lo que distingue a esta marca en la comparación es la clase de operador: una casa orientada a la tabla de momios y al volumen, no a construir una presencia pública basada en avisos de responsabilidad. No hay, en los datos revisados, un aviso de juego responsable ni una política de cierre de cuenta comparable a las tres marcas de arriba. Tampoco hay cifras de momio que se puedan imprimir.

¿Para quién es relevante ese perfil? Para el jugador que entra, compara dos o tres partidos y sale. Ese jugador no necesita una sección de juego responsable para funcionar; necesita que el boleto se resuelva bien y que el retiro llegue. Una marca que compite en precio antes que en relato es útil mientras el jugador mantenga el control del gasto, porque el relato es precisamente lo que ayuda a mantenerlo.

Strendus: tres permisos, dos titulares y una discrepancia en el nombre

El caso de Strendus es el más enredado de la lista. Se le atribuyen tres permisos —DGJS/075/2018, DGJS/2801/2021 y DGJS/DCRCA/2321/2021— según casasdeapuestaslegales.mx, y hay una discrepancia entre las compilaciones sobre quién es el titular: Atracciones y Emociones Vallarta o New Ads. Los permisos existen en el expediente, y el nombre de la empresa detrás de ellos no se pone de acuerdo consigo mismo.

Tres permisos de años distintos son, en principio, un signo de operación amplia: probables autorizaciones acumuladas de sedes o modalidades diferentes. Y también son un recordatorio de lo que ya se dijo en la sección de la normativa: el permiso pertenece a un titular concreto, y cuando los nombres difieren, la trazabilidad se vuelve un ejercicio de interpretación.

En juego responsable, Strendus no deja un aviso en el expediente revisado, y sobre momios no hay cifras citables. Frente a marcas con la mitad de permisos y una declaración pública clara, lo que pierde no es autoridad sino claridad: para el jugador que quiere saber a quién le está dando su dinero, tres números con dos titulares son un trámite, no una respuesta.

Pickwin: un número prestado y la marca que lo hereda

Pickwin es el caso donde la columna de permisos se rompe de verdad. Una compilación le atribuye un número que resulta ser el mismo que el pie de página de Betcris muestra a nombre de Producciones Móviles, y otra compilación da un número distinto. El titular que se le atribuye es Producciones Móviles con Unocapali La Paz Operadora, y con esa coincidencia sobre la mesa, la conclusión razonable es la conocida: un permisionario que opera varias marcas.

Eso no convierte a Pickwin en un fraude ni en un clon. Es un operador respaldado por la misma estructura que sostiene a Betcris, con los mismos efectos prácticos para el jugador —una cadena de reclamación más larga y un titular que no es la marca que aparece en la pantalla— y con la ventaja de una marca joven, probablemente más agresiva en promociones y en presencia digital que las veteranas de la lista.

Sobre su juego responsable no hay declaración en los datos revisados y no hay una cifra de momio citable. Lo que sí se puede decir con precisión es qué mirar: el titular del permiso. Con dos marcas de la lista respaldadas por la misma empresa, conviene comprobar si los términos, los tiempos de retiro y el trato al usuario son idénticos en ambas o si la marca joven hereda el permiso y no el servicio.

Betway: un número corto y una marca que no necesita vender su permiso

Betway cierra la lista con el permiso más corto de todos: 4184, según casasdeapuestaslegales.mx, a nombre de Espectáculos Deportivos Frontón México. El nombre del titular explica el número corto: un permiso de frontón, es decir, de un establecimiento de apuestas vinculado a ese deporte, con la posibilidad de permisos complementarios que prevé el Reglamento para operar apuestas a distancia.

Betway es una marca internacional que opera en varios mercados con permiso declarado, y en México se apoya en un titular cuyo giro original no era el boleto digital. La fórmula funciona y también obliga a preguntar: para un jugador que valora la protección mexicana, el permiso del frontón es el ancla, y el tamaño de la marca no sustituye esa ancla.

Sobre su juego responsable no hay declaración en los datos revisados, y sus momios no se pueden citar. Frente a las tres marcas que sí publican su compromiso, Betway se apoya en su escala global. En un mercado donde el 23 de octubre de 2026 un tribunal federal habría suspendido la orden de la SEGOB contra dos marcas del grupo al que no pertenece ninguna de estas nueve, la escala no es lo que protege al jugador. El permiso sí.

Comparar casas internacionales: lo que se puede medir y lo que queda a medias

Después de nueve fichas, el balance es más honesto de lo que parece. Hay tres marcas con una declaración pública clara de juego responsable y cierre de cuenta; seis sin esa declaración en los datos revisados; ninguna con un momio publicado que se pueda comparar contra otra; y todas apoyadas en un permiso atribuido, casi siempre por un tercero. Si el lector esperaba una tabla de precios, no la va a encontrar en ninguna parte, y no por falta de espacio: los momios de un mercado concreto están fechados, cambian en horas y dependen del partido. Citar uno viejo sería peor que no citar ninguno.

Lo que sí se puede medir es la estructura. Producciones Móviles detrás de dos marcas, un operador de sitio que es otra empresa, una licencia maltesa vigente junto a un permiso mexicano, un permiso de frontón sosteniendo una marca global. Cada uno de esos detalles cambia la respuesta a la única pregunta que importa cuando algo se rompe: ¿quién responde y desde dónde?

La comparación de la parte de protección es todavía más desigual. Caliente, Codere y Betcris escriben su compromiso en un lugar visible; las otras seis no. Y un dato que ningún permiso resuelve: en México no existe un registro nacional de autoexclusión, así que las herramientas voluntarias viajan con la casa y no con la persona. Ese es el sentido del panorama de abajo: ayuda a leer la tabla de criterios no por lo que cada marca promete, sino por la pregunta que cada dato deja abierta.

También hay que decir dónde termina esta comparación. Los permisos citados no están confirmados oficialmente porque la lista pública no pudo abrirse; los momios no están disponibles; y las cifras de cuántos operadores digitales hay en el país se contradicen entre informes. El jugador que use esta tabla debería usarla como un mapa de preguntas, no como un veredicto. Las preguntas correctas son tres: qué titular sostiene el permiso, dónde aparece publicado, y si la marca declara cómo cierras la cuenta.

Panorama de las apuestas internacionales: lo que de verdad conviene mirar

Esta lista no es un podio. Es una selección de trabajo, con un sesgo confesado hacia las marcas que publican algo verificable sobre sí mismas. Si tuviera que reducirlo a tres nombres por razones distintas y explicables, serían estos.

Las otras seis no están aquí porque tienen menos que declarar, no porque carezcan de permiso. Novibet y 1xBet tienen permisos de 2020 con cadenas de titularidad que merecen una lectura atenta; Playdoit, Strendus, Pickwin y Betway sostienen su oferta en permisos atribuidos sin una política publicada de juego responsable. Que una marca no aparezca no significa nada sobre su permiso y todo sobre lo que publica.

Si tuviera que resumir en una regla para el lector: la calidad de la protección no sigue al tamaño del eslogan, sigue a la longitud del expediente. Una marca que publica su titular, su edad mínima y su política de cierre de cuenta deja tres rastros; una que no publica nada deja cero. Y ninguna de las nueve resuelve el problema de fondo del jugador mexicano, que es la ausencia de un registro nacional de autoexclusión.

Bono de bienvenida y costes reales

Conviene decirlo desde la primera línea: los bonos y las apuestas gratis son promociones que cada casa diseña en su propio reglamento, no derechos que una ley mexicana garantice. No se encontró ninguna norma federal sobre bonos en los artículos revisados. Hay proyectos presentados que prohíben los bonos de bienvenida, y son proyectos: no son ley. Después de la subida del IEPS, además, las casas rediseñaron sus bonos para absorber parte del impuesto, lo que en la práctica significa condiciones nuevas para el jugador.

En la publicidad, la situación es la misma mezcla que en el resto del sector. No se encontró un artículo federal de publicidad en el Reglamento leído; las limitaciones de horarios de emisión que circulan —después de las 22:30 o entre las 06:00 y las 22:00— describen iniciativas, no ley. Las propuestas para limitar a influencers y deportistas, prohibir anuncios en transmisiones deportivas o prohibir los bonos de bienvenida tampoco son ley. Ninguna de ellas cambia nada hoy, y citarlas como si cambiaran es la clase de error que conviene no cometer.

Y una cosa que no está establecida: el tratamiento de lo que una marca ofrece en criptomonedas en un permisionario mexicano. No hay nada que afirmar al respecto, así que no se afirma.

Por eso la única comparación honesta entre bonos es la del costo implícito, y esa se hace con los números del jugador, no con los del folleto. Un bono que exige apostar varias veces su importe antes de poder retirar es dinero que tienes que arriesgar en mercados con margen; la aritmética del 5 % del mercado a 1,90 y 1,90 dice aproximadamente cuánto cuesta cada paso. Un bono bajo con pocas vueltas puede costar menos que uno alto con muchas. Ese cálculo, y no el tamaño del cartel, es lo que decide.

Preguntas frecuentes sobre apuestas deportivas internacionales

¿Qué riesgos corre quien apuesta en una casa sin permiso de la SEGOB?

Pierde las cuatro cosas que da un permisionario: sede legal mexicana, permiso, controles de identidad y contra el lavado de dinero, y CFDI de retenciones. Si el operador no paga, no hay autoridad mexicana a la que reclamar, y los saldos de clientes de un operador bloqueado pueden quedar congelados. Un sitio encontrado en resultados de búsqueda no está permitido por eso.

¿Cómo compruebo si una casa opera con permiso de la Secretaría de Gobernación?

Revisa el pie de página de la marca y anota el número y el titular del permiso; después pregunta a la Dirección General de Juegos y Sorteos si sigue vigente. El padrón oficial de sitios autorizados no pudo abrirse, y los conteos de operadores se contradicen, así que ninguna lista de terceros es prueba definitiva.

¿Existe un registro nacional de autoexclusión en México y cómo funciona la autoexclusión?

No existe un registro nacional. La autoexclusión voluntaria es una herramienta interna de cada casa: se pide a esa marca y afecta solo a esa marca, sin viajar contigo a la competencia. Abrir cuenta diez minutos después es posible, y esa es la diferencia entre una puerta cerrada y un pasillo cerrado.

¿Cómo pongo un límite de depósito o de pérdida en una casa de apuestas?

Son herramientas voluntarias que cada marca ofrece por su cuenta, no obligaciones legales: se activan en la configuración de la cuenta. Fija el límite antes del primer depósito y no lo muevas cuando la racha va mal. Como no hay un límite legal mexicano, la disciplina la pone el jugador.

¿Se pagan impuestos por los premios y quién los retiene?

Los premios de juegos con apuestas legalmente autorizados son ingresos conforme a los artículos 137 y 138 de la Ley del ISR, y el pagador retiene 1 % o 21 % según el impuesto estatal. La Ciudad de México grava los premios de forma que el total ronda el 7 % según reportes secundarios. Consulta a un contador.

¿Dónde busco ayuda si apostar se vuelve un problema?

En los servicios de salud y en los grupos de ayuda mutua, no en la casa donde juegas: a ningún operador le conviene que dejes de apostar. Cierra el acceso una por una —autoexclusión en cada marca y, si hace falta, bloqueo de pagos— y busca apoyo profesional. Un aviso de juego responsable no es tratamiento.

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