Casas de apuestas en México, con la palabra legal correcta y sin adornos
Datos actualizados a noviembre 5, 2026. La situación de los permisos y de los bloqueos se verificó con lo que cada operador publica en su propio sitio y en su ficha de aplicación, con el texto del Reglamento de la Ley Federal de Juegos y Sorteos y con las compilaciones públicas de permisos que un lector puede consultar por su cuenta.
México tiene una ley de juegos que se escribió cuando el teléfono era un mueble, y la industria en línea que hoy mueve miles de millones se ha tenido que acomodar dentro de ella. No hay licencia de apuestas por internet, no hay un artículo que las nombre y no hay una autoridad que las registre en una lista abierta. Lo que hay es un permiso de la Secretaría de Gobernación concedido a un permisionario con locales físicos, y varias marcas colgando de ese permiso. Ahí empieza cualquier comparación honesta, porque de esa estructura se derivan casi todas las ventajas y casi todos los huecos que un apostador mexicano va a encontrar.
Evaluación rápida: qué camino conviene según lo que el lector quiera hacer
México no es una sola decisión: son caminos distintos, y cada uno sirve a un perfil distinto. Está quien quiere jugar en un sitio con permiso mexicano, con la ventaja de un local físico detrás, controles de identidad y un comprobante fiscal de retenciones si le toca pagar impuesto. Está quien busca la marca internacional con momios más finos y acepta que su contrato no cuelga de la ley mexicana. Y está quien simplemente quiere una transferencia SPEI rápida y no un catálogo de mercados exóticos.
La primera cosa que conviene fijar es el vocabulario, porque el mercado entero lo usa mal. El instrumento legal aquí es un permiso, un acto administrativo temporal otorgado a un permisionario, no una licencia perpetua y vendible. De hecho, los permisos de juegos con apuestas son intransferibles: no pueden gravarse, cederse, venderse ni comercializarse. Un apostador que compare sitios leyendo “licencia” en el pie de página va a comparar algo que no existe.
La segunda es el tipo de permiso. Los centros de apuestas remotas y las salas de sorteos de números o símbolos son las figuras previstas para apostar a distancia, y los titulares de permisos de hipódromo, galgódromo o frontón pueden obtener permisos complementarios de apuestas remotas. Eso explica por qué media docena de marcas digitales comparten domicilio legal con un frontón, un casino o una empresa que jamás aparecería en su publicidad.
La tercera es que el permiso no se confirma en una lista oficial que un lector pueda abrir hoy. En mayo de 2026 se pidió por vía legislativa un registro público y abierto de permisos de apuestas y casinos, y hasta octubre de 2026 seguía sin poder consultarse una lista completa. Esa ausencia es la que obliga a leer con cuidado: los números de permiso que aparecen más abajo provienen del pie de página de cada marca o de una compilación pública, y ninguna de las dos es la autoridad.
| Marca | Estatus de permiso SEGOB tal como lo declara la fuente | Lo que la propia marca publica sobre el tema |
|---|---|---|
| 1xBet | Permiso DGJS/0002/2020, según una compilación, no confirmado oficialmente; titular señalado: Entretenimientos Naturales | Su ficha de aplicación aparece a nombre de una empresa distinta de la titular |
| Codere | Permisos DGJS/1018/2015 y DGJS/234/2019, según una compilación, no confirmados oficialmente; titular señalado: Libros Foráneos S.A. de C.V. | Su ficha de aplicación declara operar con permiso de la SEGOB y limita el uso a mayores de 18 años |
| Playdoit | Permiso DGAJS/SCEVF/P-02/2005, según una compilación, no confirmado oficialmente; titular señalado: Eventos Festivos de México | Su oferta se presenta como casa regulada en México |
| Caliente | Permiso DGG/SP/404/97, exhibido en el pie de su propio sitio; operadora del sitio: Tecnología en Entretenimiento Caliplay | Su pie de página lo presenta como autorización de la Secretaría de Gobernación |
| Strendus | Permisos DGJS/075/2018, DGJS/2801/2021 y DGJS/DCRCA/2321/2021, según portales de comparación, no confirmados oficialmente; las compilaciones discrepan sobre el titular | Se identifica como casa con permiso federal |
| Betway | Permiso 4184, según portales de comparación, no confirmado oficialmente; titular señalado: Espectáculos Deportivos Frontón México S.A. de C.V. | Menciona su permiso vigente en el pie del sitio |
| Betcris | Permiso de su permisionario, número no reproducible: el del pie del propio sitio y el de una compilación no coinciden; titular señalado: Producciones Móviles | Su pie de página cita un número distinto al de la compilación |
| Pickwin | Permiso de su permisionario, número no reproducible: las fuentes se contradicen entre sí; titular señalado: Producciones Móviles S.A. de C.V. con Unocapali La Paz Operadora | Comparte permisionario con Betcris, según las compilaciones |
| Novibet | Permiso DGJS/DCRCA/1121/2020, según portales de comparación, no confirmado oficialmente; titular señalado: Comercial de Juegos de la Frontera S.A. de C.V. | Sin ficha propia sobre el permiso más allá del pie del sitio |
Lo que esa columna central dice de verdad es que la única cifra con trazabilidad hasta la propia marca es la de Caliente, y que Betcris y Pickwin ni siquiera pueden mostrar una cifra estable. Nueve marcas, y el mercado es más ancho que estas nueve: una marca que no aparece aquí no queda por eso sin permiso, ni una que aparece queda por eso recomendada. Es un recorte editorial, no un padrón.
Qué peso tiene una columna de permiso al lado del momio de un mercado
Antes de dejar que la palabra “regulado” decida una comparación, conviene mirar qué cuesta cada camino en dinero real. Un permiso de la SEGOB trae vigilancia, cuentas trimestrales y anuales auditadas, seguros, reportes de sospecha de lavado de dinero y una fianza equivalente a unos 60 días de premios promedio, según el artículo 29 del Reglamento. Nada de eso es gratis. Se paga con margen.
Ahí entra una cifra que casi ninguna reseña pone en la misma frase que el bono: el margen que la casa se queda de cada peso apostado. En un mercado ilustrativo de dos resultados a momio 1.90 y 1.90, la proporción que vuelve a los apostadores se calcula como 1 ÷ (1/1.90 + 1/1.90), que da aproximadamente 95 %. El margen es el resto: alrededor del 5 %. Es un ejemplo, no un momio cotizado, y sirve para entender el mecanismo. En un mercado de dos vías con momios parecidos, el margen ronda ese 4 % a 6 %; en mercados de más resultados, en apuestas combinadas y en ligas que nadie mira, la horquilla es bastante más ancha. La casa no cobra comisión aparte: cobra ahí, en el momio, y cada peso de margen es un peso que no vuelve.
Por eso una marca con permiso mexicano y atención telefónica no tiene que ser la más barata del mercado, y una marca internacional sin permiso local no es automáticamente más generosa. El margen no distingue pasaportes. Lo que sí distingue es la protección: un permisionario con permiso responde ante una autoridad mexicana y entrega un comprobante fiscal de retenciones cuando el premio está gravado; un sitio sin permiso mexicano no tiene ninguna de las dos cosas.
Fundamentos del marco legal: por qué se habla de permiso y no de licencia
La ley vigente es la Ley Federal de Juegos y Sorteos, del 31 de diciembre de 1947, y no menciona las apuestas en línea en ninguna parte. Su Reglamento se reformó el 16 de noviembre de 2023 y es el texto que hoy da el tono de todo. El artículo 1 cubre la autorización, el control, la vigilancia y la inspección de los juegos con apuestas y sorteos —salvo los de la Lotería Nacional— y establece competencia federal. El artículo 2 es el que define el terreno de juego por la vía negativa: la actividad de juegos con apuestas y sorteos que no esté expresamente prevista está prohibida.

Esa frase es el corazón del asunto. La Secretaría de Gobernación interpreta y aplica la ley en el ámbito administrativo, y la Dirección General de Juegos y Sorteos autoriza, controla, vigila, modifica y termina los permisos. Todo lo que una casa de apuestas haga en México tiene que caber dentro de algo expresamente previsto. Si no cabe, no es un vacío legal: es una prohibición que nadie ha aplicado todavía.
El artículo 3 remata el vocabulario: en México el fundamento para operar apuestas es un permiso de la Secretaría de Gobernación, un acto administrativo temporal que se otorga a un permisionario, y no una “licencia”. El mismo artículo define la apuesta como dinero en moneda nacional arriesgado en un juego permitido. Léase otra vez: un juego permitido. La definición legal de apuesta no contempla apostar en algo que no esté autorizado.
Lo que un permisionario de apuestas remotas debe sostener es bastante más de lo que sugiere su publicidad: cuentas trimestrales y anuales auditadas, seguros contratados, reportes de sospechas de delincuencia organizada o lavado de dinero, y una fianza equivalente a unos 60 días de premios promedio. Son obligaciones del artículo 29 del Reglamento, y son la razón por la que una casa con permiso tiene costos fijos que una marca espejo no tiene.
Nada de esto convierte a la ley en moderna. La propuesta para sustituir la de 1947 quedó terminada por la Secretaría de Gobernación en octubre de 2026 y se envió al Gabinete de Seguridad; no se ha presentado al Congreso y no es ley. Una iniciativa distinta para abrogar la ley de 1947 propone crear un instituto nacional de juegos y sorteos, con edad mínima de 21 años y mecanismos de autoexclusión, y también es solo una propuesta. Hasta que alguna de las dos avance, el texto que gobierna el mercado mexicano seguirá siendo un reglamento de 2023 montado sobre una ley de 1947.
La autoridad que autoriza, vigila y también cierra
El reparto de poder es sencillo y conviene tenerlo claro antes de discutir cualquier oferta. La Secretaría de Gobernación interpreta y aplica la ley; la Dirección General de Juegos y Sorteos autoriza, controla, vigila, modifica y termina los permisos. La propia ley de 1947 permite a la Secretaría clausurar locales no autorizados, y los centros de apuestas no pueden instalarse junto a escuelas o centros de trabajo.
Ese mismo poder se ha extendido al terreno digital sin que exista un artículo que lo describa paso a paso. La Secretaría ha reforzado su capacidad de bloquear dominios y aplicaciones sin permiso, y no está establecida una base legal de bloqueo de sitios de apuestas distinta de la que existe por incumplimiento fiscal. Aquí conviene ser preciso y no adornar: la autoridad cierra, y el fundamento exacto de cada cierre ha sido discutido en tribunales, que es justamente lo que ha pasado desde noviembre de 2025.
La falta de un registro consultable sigue siendo la herida abierta. La Dirección General de Juegos y Sorteos publica o habría de publicar un listado de sitios autorizados; en la práctica, ese documento no se ha podido abrir completo, y los conteos de sitios de apuestas en circulación se contradicen entre sí, uno hablando de 136 y otro de entre 30 y 35 operadores digitales en dominios .mx. Por eso esta página no da un número de operadores del mercado ni presenta ninguna cifra de permiso como oficial. Cuando un lector no puede verificar la lista desde la fuente, lo que le queda es verificar el pie de página del sitio donde piensa depositar —y desconfiar de la reseña que le asegura que todo está en orden.
Qué pasó con bet365 y Betano, y qué significa hoy
Los dos casos que más se repiten en las conversaciones mexicanas son los de bet365.mx y Betano, esta última del grupo Ganador Azteca. Están bloqueados desde noviembre de 2025, cuando la unidad de inteligencia financiera identificó trece casinos y congeló cuentas. En diciembre de 2025 un tribunal colegiado solo les permitió publicar contenido informativo lícito, sin relación con apuestas. En marzo de 2026 un juez de distrito concedió a bet365 un amparo contra el bloqueo, y el sitio seguía inactivo el 24 de marzo de 2026. En julio de 2026 la Dirección General de Juegos y Sorteos suspendió diez dominios de casino en línea, incluidos betano.mx y bet365.mx, y el 23 de octubre de 2026 un tribunal federal habría suspendido la orden de la Secretaría contra ambas, según una sola fuente.
El estado es inestable, y por eso la única forma honesta de escribirlo es con fecha. Ninguna de las dos marcas figura en el análisis de operadores de esta página, porque una casa bloqueada no es una opción que el lector pueda tomar esta tarde. Hay una lección más incómoda aquí: si el saldo estaba dentro cuando llegó el bloqueo, queda dentro. Eso no es un problema de una marca ni de un bando; es el riesgo estructural de que el permiso, el dominio y el saldo dependan de decisiones administrativas que se revisan en tribunales.
La frontera entre lo permitido por la SEGOB y lo que opera desde afuera
Cualquier comparación de casas de apuestas en México termina tarde o temprano en la misma grieta. De un lado, una marca con permiso mexicano ofrece un local físico detrás, un permiso de la Secretaría de Gobernación, controles de identidad y prevención de lavado, y un comprobante fiscal de retenciones cuando el premio causó impuesto. Del otro, una marca que opera desde el extranjero no ofrece ninguna de esas tres cosas, y sus saldos quedan expuestos a un bloqueo como los descritos. Los sitios con licencia de Curazao no son permisionarios mexicanos, y ninguna autoridad mexicana va a mediar por un saldo perdido ahí.
Hay una segunda asimetría que se menciona menos: en ninguno de los dos caminos existe un registro nacional de autoexclusión. Una persona que quiera cerrarse el acceso al juego en todo el mercado mexicano a la vez no tiene hoy una herramienta pública para hacerlo; las herramientas que existen son internas, voluntarias y distintas en cada casa.
Sí conviene decir lo que no está establecido, porque en esta frontera se exagera en las dos direcciones. No está establecida una multa ni un delito para el apostador que simplemente juega en un sitio sin permiso, y esta página no va a prometerle impunidad ni a anunciarle consecuencias que ninguna norma escrita sostiene. Tampoco está establecido el tratamiento fiscal de un premio ganado en un sitio sin permiso, porque el artículo 137 de la Ley del ISR habla de premios autorizados legalmente. Ante esa duda concreta, la respuesta útil es aburrida: consultar a un contador.
Lo que la ley mexicana no dice sobre las apuestas en línea
Merece un apartado propio, porque es donde más se inventa. El Reglamento no dedica un artículo a las apuestas en vivo, a los deportes virtuales, a los esports ni a modalidades concretas de apuesta. Las apuestas en vivo, los deportes virtuales, los esports y los tipos de apuesta no tienen una regla separada en los artículos leídos del Reglamento. No hay provisión encontrada para un mercado de intercambio de apuestas, y esta página no va a decir que exista uno mexicano. Las carreras de caballos y las apuestas mutuas sí están reguladas en hipódromos, galgódromos y frontones, con el llamado cruce de apuestas, y ahí los menores de edad no pueden participar nunca.
El Reglamento tampoco fija una edad numérica. Prohíbe a los menores de edad las áreas de apuestas de los establecimientos y su participación en el cruce de apuestas, pero no escribe “18” ni “21” en ninguna parte. Las marcas sí lo escriben: la ficha de la aplicación de Codere México declara operar con permiso de la SEGOB y limita el uso a mayores de 18 años, y el pie de página de caliente.mx indica que los juegos con apuestas están prohibidos para menores de edad. Que exista un número estatutario para el juego en México no está establecido, y esa distinción importa cuando alguien cita la ley para decir que una casa “cumple la edad legal”: lo que cumple es su propio aviso.
Normativa de juego responsable y herramientas de control
Aquí la ley mexicana deja casi todo al criterio del operador, y conviene decirlo sin dramatismo. No se encontró un registro nacional de autoexclusión, no se encontró un límite legal de depósito ni de pérdida, y no se encontró una figura de cuenta temporal. Las herramientas que un apostador puede usar hoy son internas, voluntarias y las enumera cada marca en su propia ficha de aplicación. La iniciativa que propone abrogar la ley de 1947 incluiría mecanismos de autoexclusión, edad mínima de 21 años y límites ligados al ingreso, pero es una propuesta, no un derecho exigible esta semana.

Eso deja al lector en una posición que conviene entender bien: la protección depende de lo que la casa decida ofrecer y de lo que la persona decida configurar. La ficha de la aplicación de Codere México incluye avisos de juego responsable y políticas de cierre de cuenta, además del límite de uso a mayores de 18 años. El pie de página de caliente.mx pide divertirse con responsabilidad y enlaza una sección de juego responsable. Son gestos reales, pero son gestos del operador, no obligaciones de una norma que aún no se ha escrito.
La consecuencia práctica es esta: en un mercado sin registro de autoexclusión, cerrar la puerta en una casa no la cierra en las demás. Alguien que quiera cortar el acceso en serio tiene que hacer el trabajo casa por casa, y guardar constancia de cada solicitud de cierre de cuenta. Suena excesivo hasta la primera vez que hace falta.
También conviene separar lo que sí es obligatorio de lo que es cortesía. Los operadores verifican a sus usuarios y reportan operaciones relevantes a la unidad de inteligencia financiera y al Servicio de Administración Tributaria, porque el juego es una actividad vulnerable frente a la ley de prevención de lavado de dinero. Los documentos exactos que se exigen no están establecidos en norma. La verificación de identidad, en cambio, no es un trámite de bienvenida: es la puerta que hace posible que un retiro llegue a una cuenta a nombre del propio jugador.
Edad mínima, identidad y lo que la casa revisa antes de pagar
El recorrido real de un apostador mexicano empieza en el registro y termina en la verificación, aunque casi todas las reseñas lo cuenten al revés. Se abre la cuenta con datos básicos, se juega, y llega el momento del retiro: ahí es donde la casa pide identificación, comprobante de domicilio y cuenta bancaria a nombre del titular. Un saldo que gana antes de esa verificación no es todavía dinero disponible.
No existe un mapa universal de requisitos porque no hay una norma única. Cada casa describe su propio proceso, y la única forma responsable de compararlo es leer la sección de ayuda del sitio donde se piensa depositar antes de depositar. Lo que sí se puede afirmar es la consecuencia: una persona que no quiera compartir documentos por internet debería elegir una marca con atención presencial o telefónica, y aceptar el costo de un catálogo más corto.
Requisitos y valor real de los bonos de bienvenida
La palabra “bono” aparece en todas las casas y no significa lo mismo en ninguna. Lo que decide lo que vale un bono son tres cosas, y ninguna de las tres está en el titular: el monto máximo, los requisitos de apuesta y el tiempo. Y algo más que casi nunca se escribe: después del aumento del IEPS, los operadores rediseñaron sus bonos de bienvenida para absorber parte del impuesto. Cuando una casa “mejora” una promoción, la pregunta correcta es quién está pagando esa mejora.
Un bono de bienvenida no es dinero que entra a la cuenta para retirarse cuando la racha va bien. Mientras no se cumplan los requisitos de apuesta, es un saldo condicionado, y el rollover es la medida de esa condición: hay que ponerlo a trabajar la cantidad de veces que la casa exija antes de que se convierta en algo retirable. La cuantía exacta, el momio mínimo aceptable y el plazo varían por marca y por promoción, y por eso esta página no imprime un número de rollover que no pueda sostener.
La misma disciplina vale para una “apuesta gratis” con el monto en el titular. Casi siempre es un saldo que se apuesta pero cuyo importe no se devuelve con el acierto: si se acierta, lo que vuelve es la ganancia, no el monto. Un “250 de bono” en el titular y un rollover de veinte veces son dos frases que describen realidades incompatibles, y la segunda es la que paga el jugador.
Sobre las promociones que prometen dinero sin depositar antes, la línea frontal se vuelve casi vertical: para retirar cualquier cosa hay que verificar la identidad y cumplir requisitos, así que una promoción “sin depósito” elimina un paso, no los demás. Vale más un bono pequeño con condiciones legibles que un titular grande con letra minúscula que solo se entiende en un foro de quejas.
Después del punto anterior, ni un bono es obligatorio para apostar bien ni su ausencia dice nada malo de una casa. Quien apuesta por gusto y no para cazar promociones puede ignorar toda esta sección, cerrarla con la conciencia tranquila y llevarse la única ventaja que ofrece: la claridad de saber cuánto está pagando la casa en el momio antes de aceptar cualquier regalo con condiciones.
Cómo se lee un bono por dentro, con el ejemplo del margen
El camino más corto para saber qué cuesta un bono es mirar el mercado donde se jugará el rollover. En un mercado ilustrativo de dos resultados a momio 1.90 y 1.90, la proporción que vuelve a los apostadores es de aproximadamente 95 % y el margen ronda el 5 %. Si el rollover se cumple en mercados de ese tipo, el costo medio de la promoción se comporta como un descuento repetido: cuantas más veces haya que apostar, más veces se paga ese margen, y en ligas oscuras y apuestas combinadas el margen sube y el descuento se repite sobre una base peor.
La cifra del 95 % no es una promesa ni un rendimiento: es el resultado de un cálculo sobre un mercado de ejemplo, un promedio de largo plazo, no lo que devolverá una apuesta concreta. La apuesta individual gana o pierde entera. El número describe la regla del juego, y la regla del juego es lo que conviene conocer antes de aceptar un bono con condiciones duras o firmarlo.
La conclusión útil es la siguiente: un bono siempre deja algo al operador. En el mejor caso queda el margen del mercado que se juega y el tiempo que se dedica a cumplir el rollover; en el peor, la restricción de momento y de tiempo obliga a jugar mercados más caros que los que se habrían elegido. Un bono con rollover exigente y momio mínimo alto puede costar más de lo que paga, y quien no tenga ganas de hacer esa cuenta puede perfectamente no tomarlo.
Depósitos, retiros y tiempo de cobro en México
Pocas cosas hay con menos ley que el dinero que entra y sale de una casa de apuestas en México. Ninguna norma cubre los pagos de apuestas, así que los métodos que aparecen en los pies de página de los operadores —tarjetas, transferencia bancaria SPEI, comprobantes en efectivo en tiendas como OXXO, monederos electrónicos— son lo que cada marca dice de sí misma, no una garantía escrita en un reglamento. La única regla transversal que sí se puede sostener es la que ya apareció antes: los retiros van a una cuenta a nombre del jugador, y el operador emite un comprobante fiscal de retenciones cuando el premio causa impuesto.
El cripto en marcas con permiso no está establecido, lo que en la práctica significa que un lector no debería contar con ello al elegir una casa mexicana. Y quien haya visto una reseña prometiendo “retiro inmediato” debe saber qué está mirando: una promesa comercial del operador, cuyo cumplimiento real depende de la verificación de identidad y del horario de procesamiento. Ninguna autoridad mexicana cronometra eso.
Aquí conviene fijar el orden en el que ocurren las cosas, porque el orden explica casi todas las quejas. Primero se deposita, y casi siempre con tarjeta o con un comprobante en efectivo en tienda, y muchas casas acreditan ese depósito al instante. Después se apuesta. Después se gana, o no. Y al final llega el retiro, que es la única etapa donde la casa tiene un motivo financiero para tomarse su tiempo.
El punto que decide la experiencia no es el depósito. Es el retiro. Y el retiro tiene dos requisitos que ninguna publicidad menciona: la cuenta bancaria receptora debe estar a nombre del mismo titular de la cuenta de juego, y la identidad debe estar verificada. Quien no quiera compartir documentos por internet debería priorizar marcas con atención presencial o telefónica, y asumir que su catálogo de mercados será más corto.
Detalles de pago y saldo que conviene verificar antes de depositar
Una forma razonable de comparar sin depender de promesas es preguntar por escrito, en el chat de la casa, tres cosas concretas: qué documentos exige el retiro, cuánto tarda el procesamiento en la práctica y qué métodos acepta para el mismo canal. Lo que responda por escrito tiene un uso, y lo que prometa un banner no.
Hay además una consideración de seguridad que no tiene nada que ver con comisiones. Un saldo que vive dentro de una casa cuyo permiso está bajo revisión administrativa o judicial queda expuesto, y los casos de 2026 en México no son una hipótesis. No hay un seguro mexicano que devuelva ese saldo. Es un argumento a favor de una casa con permiso mexicano y respaldo físico antes que de una marca que solo tiene un dominio bonito.
Para quien apuesta cantidades pequeñas, esa secuencia tiene una consecuencia que rara vez se escribe: el costo de la verificación es el mismo se depositen 200 pesos o 20 000, pero el beneficio de un bono es proporcionalmente mayor en las cuentas chicas. Sin embargo, el riesgo de un saldo bloqueado también pesa más en quien tiene poco margen para perderlo. No hay una respuesta única, y la respuesta cambia según cuánto del saldo propio se está dispuesto a dejar quieto en un sitio ajeno.
Deportes, torneos y mercados: del futbol a la temporada de beisbol
El deporte que ordena el mercado mexicano es el futbol, y no admite discusión. Una casa de apuestas de futbol en México construye su catálogo alrededor de la Liga MX, los partidos de la Selección y las grandes ligas europeas, y alrededor de eso se organizan los momios y los mercados. La Copa del Mundo de 2026 ya se jugó, entre junio y julio de 2026, y se escribe en pasado: quien busque un bono “para el Mundial” llegó tarde, y quien lea una reseña que lo anuncia lea la fecha antes que la promoción.
El segundo deporte en peso es el beisbol, por razones obvias: la temporada de la Liga Mexicana del Pacífico y el seguimiento de las Grandes Ligas llenan la cartelera de invierno, cuando el futbol baja el ritmo. Un aficionado al beisbol que apueste sobre todo entre octubre y febrero encontrará mejores mercados de los que espera, y también el margen propio de un deporte que mueve menos volumen que el futbol: menos dinero, horquillas más anchas.
El boxeo merece un párrafo aparte por su forma, no por su tamaño. Un mercado de boxeo vive en un pico de pocos minutos y suele tener dos resultados y pocas alternativas, así que el catálogo es corto y la liquidez se concentra en la pelea estelar. Quien quiera mercados finos para una pelea secundaria va a encontrarlos más caros o no encontrarlos. El basquetbol, con la NBA como referencia, cubre la noche mexicana y funciona bien para quien apuesta después del trabajo; los deportes virtuales y los esports no tienen regla propia en el Reglamento, lo que no los vuelve ilegales por sí mismos, pero sí explica por qué su regulación depende de lo que cada permisionario tenga autorizado.
Calendario: qué se juega y en qué mes
El calendario mexicano tiene dos temporadas fuertes y una zona muerta. La temporada europea de futbol corre de agosto a mayo y se solapa con el arranque y la parte final de la temporada de beisbol. Entre junio y julio, con el Mundial de 2026 ya disputado, el calendario queda en manos de ligas de verano, torneos de selecciones menores y beisbol, y ahí es donde un apostador exigente de mercados profundos encuentra menos con qué llenar el boleto.
Para quien apuesta solo los fines de semana, la estacionalidad casi no importa. Para quien apuesta a diario, importa mucho: los meses flacos son exactamente los meses en los que conviene mirar más de una casa, porque el margen de una liga menor varía bastante entre operadores. La única forma de comprobarlo es abrir dos boletos del mismo partido en dos marcas distintas y comparar el momio, que es la prueba de campo más barata que existe.
Marcas nuevas y cómo distinguir el lanzamiento del reciclaje
Cada temporada aparece una casa nueva en México y cada temporada desaparece al menos una. El patrón se repite con pocas variantes: el sitio se estrena con un dominio .mx, un bono de bienvenida generoso y mucha presencia en redes, y a los meses se descubre que opera bajo el permiso de otro, o que cambió de operador, o que directamente dejó de cargar. La lección no es que toda marca nueva sea mala: es que en este mercado la novedad no es una credencial.
La primera pregunta que conviene hacerse ante una casa nueva no es por el bono. Es quién es el permisionario y desde cuándo figura en el pie de página. Una marca recién lanzada que muestre un permiso con años de antigüedad está apoyada en la estructura de un tercero, y eso no es un fraude, es la práctica normal de un mercado donde los permisos no se pueden vender ni ceder. La segunda pregunta es cuándo cambió el número de permiso por última vez, porque ahí se ve si la marca está construyendo o reciclando.
Desconfianza razonable y no paranoia. Un mercado con una ley de 1947 y sin registro público de permisos es un mercado donde la verificación la tiene que hacer el cliente, y la verificación más simple sigue siendo la misma: abrir el pie de página, leer el nombre del permisionario, buscar ese nombre en otra fuente y ver si ambos relatos coinciden.
La transparencia documental de las marcas nuevas es irregular y cada caso es distinto. Quien llegue a una marca de estreno debería examinar cómo describe su propio permiso y qué dice del titular, antes de mirar el bono o el catálogo de mercados.
Panorama del mercado: los nueve operadores analizados en México
El resultado de fondo es que el mercado mexicano se divide entre marcas con trayectoria local bajo un permiso y marcas internacionales que operan desde una estructura foránea, y que las nueve que siguen pertenecen al primer grupo, con matices que van del detalle al problema real. Aquí están, en el orden en que las hemos revisado y con lo que cada una aporta o cuesta.
1xBet: permiso declarado por una compilación, aplicación a nombre de otra empresa
El caso de 1xBet es el mejor ejemplo de por qué esta página no imprime cifras de permiso como oficiales. Una compilación le asigna el permiso DGJS/0002/2020 con Entretenimientos Naturales como titular, y a la vez señala que no pudo confirmar ni el dominio 1xbet.mx ni la lista oficial de la Dirección General de Juegos y Sorteos. La ficha de la aplicación en tienda aparece a nombre de una empresa distinta de la titular. Para el lector, eso es una cadena de identidad con un eslabón flojo: la marca que ve, la empresa que publica la aplicación y el permisionario señalado son tres nombres.
Ese desajuste importa más de lo que parece. En un mercado donde el permiso es intransferible y no se puede ceder, un titular distinto del operador visible en el sitio es una pregunta legítima, no un detalle burocrático. Si algún día hay un problema con un saldo, el nombre que figure en el permiso es el que tendrá que responder.
Lo que sí ofrece es un catálogo amplio y reconocible a nivel internacional, del tipo que atrae a quien busca mercados de deportes menos populares. El lector adecuado para esta marca es quien prioriza profundidad de mercados y tolera cierta opacidad en el eslabón del permiso. Al revés de lo que sugiere el tamaño de la marca, la trazabilidad no es su punto fuerte, y quien deposite esperando claridad documental puede quedar insatisfecho.
Codere: la ficha de aplicación más explícita del grupo
Codere es la única marca de esta lista cuya ficha de aplicación en tienda declara, sin que nadie se lo pida, que opera con permiso de la Secretaría de Gobernación, limita el uso a mayores de 18 años e incluye avisos de juego responsable y políticas de cierre de cuenta. Los permisos DGJS/1018/2015 y DGJS/234/2019 se le atribuyen según una compilación, que tampoco pudo abrir la lista oficial, y el titular señalado es Libros Foráneos S.A. de C.V.
La mención voluntaria de una política de cierre de cuenta es más relevante de lo que parece en un país sin registro nacional de autoexclusión. Significa que existe un procedimiento documentado para salir, aunque sea interno y aunque nadie lo supervise. Para quien quiera una vía ordenada de retirada, eso vale más que un bono de bienvenida abultado.
Su perfil es el de una casa con presencia física, deporte dominante y papeleo en orden, y eso atrae a quien valora el proceso por encima de la promoción. Quien busque la cuota más agresiva del mercado probablemente la encuentre en otro lado, y quien quiera poder salir sin drama tiene aquí un argumento concreto.
Playdoit: permiso de 2005 y una huella local discreta
Playdoit opera con el permiso DGAJS/SCEVF/P-02/2005 a nombre de Eventos Festivos de México, según una compilación, de nuevo sin confirmación oficial. La antigüedad de la referencia es lo más interesante del caso: un permiso de 2005 indica una estructura que existe desde antes de que el mercado digital mexicano fuera un mercado, y eso da una lectura distinta a la de una marca de estreno.
La discreción pública de la marca tiene dos caras. La buena es que no depende de un bono escandaloso para atraer gente. La menos buena es que quien quiera verificar su titular tendrá que buscar en una compilación, y las compilaciones no son la autoridad.
Aquí el lector objetivo es quien no se siente cómodo en una casa recién lanzada y prefiere una trayectoria larga bajo un mismo esquema. La contrapartida es que la ausencia de una ficha propia detallada sobre el permiso deja la verificación en manos de terceros, y eso es justamente lo que este mercado no debería exigirle a nadie.
Caliente: el único permiso exhibido en el propio pie de página
Caliente es la excepción documental de toda la lista. El permiso DGG/SP/404/97 aparece en el pie de página de su propio sitio, presentado como autorización de la Secretaría de Gobernación, y la operadora del sitio es Tecnología en Entretenimiento Caliplay. Es la única marca de estas nueve que muestra su número de permiso en su casa. Su pie también indica que los juegos con apuestas están prohibidos para menores de edad, pide divertirse con responsabilidad y enlaza una sección de juego responsable.
Que un número esté en el sitio de la marca no lo convierte en confirmación oficial: la Dirección General de Juegos y Sorteos no publica una lista que se haya podido abrir. Lo que hace es mover la verificación un paso más cerca del lector, y ese paso vale. Una cifra que la marca publica y sostiene es más útil que una cifra que solo aparece en una reseña.
Para el apostador local, Caliente es la marca con la huella cultural más profunda, y su punto fuerte es exactamente el que ahora importa: documentación visible. Quien quiera comparar el resto contra un patrón de transparencia tiene aquí su punto de referencia.
Strendus: tres permisos, dos titulares y ninguna lista oficial
Strendus acumula tres referencias de permiso —DGJS/075/2018, DGJS/2801/2021 y DGJS/DCRCA/2321/2021— atribuidas por casasdeapuestaslegales.mx, con Atracciones y Emociones Vallarta o New Ads como titulares según qué compilación se lea. La discrepancia sobre el titular es más significativa que el número de permisos: con tres referencias y dos nombres distintos, la pregunta “quién responde por esta marca” no tiene una respuesta única en las fuentes públicas.
Un historial de permisos sucesivos puede leerse como crecimiento o como reorganización societaria, y en esta página no se va a fingir que una de las dos lecturas es la correcta. Lo que sí se puede decir es que la marca no ha hecho el trabajo de aclararlo en su propia documentación, y que en un mercado sin padrón público, ese silencio se paga con la duda del cliente.
Strendus encaja con quien ya conoce la marca de su presencia física y no necesita reconstruir la estructura societaria para sentirse cómodo. Para un lector que use el nombre del permisionario como criterio principal de decisión, la ambigüedad es un obstáculo real.
Betway: permiso 4184 y respaldo de un frontón
Betway muestra el permiso 4184 a nombre de Espectáculos Deportivos Frontón México S.A. de C.V., según casasdeapuestaslegales.mx. El titular es la mejor pista de por qué la marca opera: los titulares de permisos de frontón pueden obtener permisos complementarios de apuestas remotas, así que una casa digital con nombre internacional puede colgar legítimamente de la estructura de un recinto de frontón.
Ese encadenamiento es legal y es frecuente, pero tiene una consecuencia que conviene decir en voz alta: el titular no es la marca. Un apostador que tenga un problema con Betway no está tratando con Betway en términos jurídicos, está tratando con el permisionario que la sostiene. Es la lógica normal del mercado mexicano, y quien la ignore comparará marcas como quien compara logotipos.
Lo que ofrece a cambio es un catálogo amplio con marca reconocible y una estructura que, al menos en el papel, existe desde el mundo físico. Puede convenir a quien quiera la sensación de una casa internacional con un ancla mexicana; no conviene a quien necesite una cifra de permiso que la propia marca no publica.
Betcris: la mitad visible de un permisionario que sostiene dos marcas
En Betcris aparece algo que vale la pena entender bien: el pie de página de su propio sitio muestra una cifra de permiso emitida a nombre de Producciones Móviles, S.A. de C.V., mientras la compilación del titular muestra otra. Y según el oficio DGJS/405/2018, ese permisionario opera junto con Paradise Riviera Gaming, S.A. de C.V. La empresa del sitio figura como TV Global Enterprises Ltd., con una licencia de la Autoridad de Juegos de Malta MGA/B2C/300/2008 vigente del 1 de agosto de 2018 al 3 de noviembre de 2026.
Ese último dato es el más útil para el lector y el que menos se repite: una marca puede tener al mismo tiempo un permiso mexicano y una licencia europea, y son dos cosas distintas que protegen cosas distintas. Ninguna de las dos convierte a la casa en barata. Ninguna de las dos sustituye la verificación.
La contradicción entre el número del pie de página y el de la compilación no se resuelve en esta página, y no por pereza: significa que las cifras públicas de permisos en México aún no son fiables al punto que uno querría. Betcris tiene la estructura más documentada de las dos marcas que comparten permisionario, y por eso es donde conviene mirar primero si el criterio del lector es la solidez del grupo.
Pickwin: la otra marca bajo el mismo permisionario, con los números enredados
Pickwin comparte el árbol de Producciones Móviles S.A. de C.V., esta vez con Unocapali La Paz Operadora, y las fuentes se contradicen sobre el número. La compilación de blog.pickwin.mx y la de Apuestas-legales.com.mx no coinciden, y el número que una de ellas le da es el que el pie de página del propio Betcris muestra para Producciones Móviles. Cuando dos marcas hermanas intercambian números en las fuentes públicas, lo único honesto es no imprimir ninguno.
Esa es la razón por la que esta página no publica un número de permiso para Pickwin: no hay una cifra que pueda sostenerse sin contradecir a otra fuente con la misma apariencia de seriedad. Un lector al que le interese la marca debería buscar la cifra en el propio pie de página de Pickwin, que es donde tiene algún valor probatorio.
Su perfil es el de la marca con menos papeleo propio visible de la lista, apoyada en la estructura de un permisionario que ya opera otra casa conocida. Quien valore la pertenencia a un grupo grande encontrará aquí su argumento; quien valore la claridad documental de la marca misma, no.
Novibet: permiso declarado y un titular sin presencia comercial en el sitio
Novibet aparece con el permiso DGJS/DCRCA/1121/2020 atribuido según casasdeapuestaslegales.mx, con Comercial de Juegos de la Frontera S.A. de C.V. como titular señalado. El permiso es reciente respecto de los demás de la lista, y el titular no es un nombre que el apostador mexicano reconozca de la calle.
Ahí está la particularidad de esta marca: la separación entre el nombre comercial y el permisionario es total. La cifra que se le atribuye es concreta y la fecha es moderna, lo que permite situar su estructura en el mercado actual, y al mismo tiempo no hay una ficha propia que la desarrolle. Para el lector, eso es un expediente a medias: mejor que el de Betcris y Pickwin en cuanto a tener una cifra, peor que el de Caliente en cuanto a quién la publica.
Encaja bien con quien busca una marca internacional con una referencia de permiso concreta y no le importa que el nombre del permisionario sea ajeno a su vocabulario cotidiano. Para quien quiera ver el nombre del titular en el sitio de la marca, esta casa no se lo va a mostrar y no promete hacerlo.
Impuestos y el precio real de apostar en México
La parte fiscal no es un adorno al final de una guía: es dinero que sale de la cuenta del apostador o de la del operador, y conviene tener los dos lados separados. Del lado del operador, el IEPS a los juegos con apuestas y sorteos que requieren permiso es del 50 % desde el 1 de enero de 2026, según la reforma publicada en el Diario Oficial de la Federación el 7 de noviembre de 2025; antes era del 30 %. Está en el artículo 2, fracción II, inciso B) de la Ley del IEPS, y la misma fracción alcanza a los juegos en línea prestados por residentes en el extranjero sin establecimiento en México, que deben cumplir las obligaciones de la ley, con bloqueo temporal del servicio digital en caso de incumplimiento grave.
Ese salto del 30 % al 50 % es, en la práctica, la noticia económica más importante del mercado mexicano en años. Explica por qué los operadores rediseñaron sus bonos de bienvenida para absorber parte del impuesto, y por qué el catálogo de promociones de 2026 se parece poco al de 2024.
Conviene ser exacto sobre la base, porque aquí se repite un error con seguridad. El texto leído dice “valor de la actividad” y no define más; la prensa habla del monto total apostado. La norma no precisa si la base es “50 % de las apuestas” o “50 % de los ingresos brutos”, así que ninguna de las dos frases está en la ley. Lo que sí se puede afirmar sin riesgo es la dirección del efecto: un impuesto de ese tamaño se paga desde el margen del operador, y el margen es lo que separa al apostador de su dinero.
Del lado del jugador, el artículo 138 de la Ley del ISR establece la retención sobre premios: 1 % cuando el impuesto estatal no excede del 6 %, y 21 % cuando el impuesto estatal es mayor. Quien paga el premio es quien retiene, y el operador con permiso emite el comprobante fiscal de retenciones correspondiente. La retención es pago definitivo solo si la persona presenta la declaración cuando está obligada; si no, el ingreso se acumula y la retención se acredita.
La Ciudad de México cobra un impuesto estatal del 6 % sobre los premios, según un reporte secundario, lo que llevaría el costo total alrededor del 7 %; en Nuevo León se gravan los montos apostados, y las entidades federativas tienen reglas distintas entre sí. Los premios por encima de 600 000 pesos en un año deben reportarse en la declaración anual, también según un reporte secundario. Y el detalle que más consultas genera queda dicho con precisión: el artículo 137 de la Ley del ISR cubre premios autorizados legalmente, así que el tratamiento de un premio ganado en un sitio sin permiso no está establecido, y la respuesta honesta es consultar a un contador o asesor fiscal.
Ese último punto cierra el círculo que abrió esta guía. Un operador con permiso entrega un comprobante fiscal de retenciones; un sitio sin permiso mexicano no. La diferencia no es ideológica, es un papel que aparece o no aparece cuando llega el momento de declarar.
Preguntas frecuentes sobre casas de apuestas en México
¿Cómo puedo saber si una casa de apuestas tiene permiso de la Secretaría de Gobernación?
Revisa el pie de página del sitio y busca el nombre del permisionario, no el de la marca. Contrástalo con una compilación pública distinta. La autoridad no mantiene una lista abierta que puedas consultar hoy, así que ninguna cifra queda confirmada oficialmente: trata el número como una declaración a verificar.
¿Cómo se calcula lo que paga una apuesta con lo que aposté y el momio?
El retorno es el monto apostado multiplicado por el momio decimal. Si apuestas 500 pesos a un momio de 1.90, el retorno son 950 pesos y la ganancia neta, 450. En una combinada, los momios de cada selección se multiplican entre sí y forman un solo precio.
¿Cómo se nota el margen de la casa en los momios?
Se nota porque los momios de todos los resultados de un mercado suman menos que el total que repartirían si fueran justos. En un mercado de dos vías a 1.90 y 1.90, la proporción que vuelve a los apostadores es de aproximadamente 95 % y el margen ronda el 5 %. Ese margen es el precio de apostar.
¿Cómo pongo límites de depósito o de pérdida en una casa de apuestas mexicana?
No hay un límite legal que la casa deba ofrecerte. Las herramientas son internas y voluntarias, y cada operador enumera las suyas en su sección de juego responsable o en su ficha de aplicación. Elígelas en la configuración de la cuenta, no en la publicidad. Y si quieres cerrar la cuenta, pide constancia por escrito.
¿Los premios de apuestas pagan impuestos en México y quién los retiene?
Sí. El artículo 138 de la Ley del ISR prevé una retención del 1 % cuando el impuesto estatal no excede del 6 %, y del 21 % cuando es mayor. Quien paga el premio retiene y emite el comprobante fiscal de retenciones. La Ciudad de México cobra 6 % estatal, cerca de 7 % en total.
¿Qué riesgo corro si apuesto en una casa sin permiso mexicano?
Pierdes la protección que sí tienes en una marca permisionaria: local físico detrás, controles de identidad y comprobante fiscal de retenciones. Si el sitio queda bloqueado, tu saldo puede quedar congelado y ninguna autoridad mexicana va a mediar. No está establecida una multa ni un delito solo por apostar ahí.
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